miércoles, 26 de junio de 2013

ESTUDIO COMPROBACIÓN DE LA MATRIARCA SOLANIA DE VAN



Manh-Isbela era la tercera de las 10 fundadoras del Santuario de mujeres de Neghadá, y al llegar Abel a visitar aquel Santuario, ella era la matriarca con el nombre de Solania, era originaria de Júpiter y contaba con 32 años de edad.
Fue dama de honor de Odina con el nombre de Silia en la época de Anfión, la hermana menor de Antulio con el nombre de Adalis.

Ella junto con Marvan fueron los fundadores de una civilización en donde sus últimos descendientes son los Tuareg. 



EL ESCENARIO DONDE VIVIÓ SOLANIA

Se  había construido un pequeño santuario (…) “sobre el promontorio de Corta-agua, nombre que tuvo en la remotísima época a que hacemos referencia, ese territorio peñascoso donde muchos siglos después debía levantarse la célebre Cartago de la historia. Era un laberinto de montañas que sobresalían de entre la inmensidad de las aguas que le cercaban por todos lados. Semejaba una gran península unida con el vasto país de Ahuar cuyas principales ciudades, Neghadá y Zohan ya conoce bien el lector. Las aguas del Atlántico cubrían entonces lo que es hoy el desierto de Sahara, y sus aguas sacudidas siempre por bravas marejadas azotaban con fuerza los flancos de las altas montañas donde iban a detenerse las formidables crestas del Revenzora al Este y las cadenas de los grandes Atlas al Norte, eran por entonces el límite del vasto océano que había sepultado bajo sus aguas a la bella y suntuosa Atlántida. Inmensos pinares, bosques interminables de encinas y de acacias daban a aquel paraje un encanto indescriptible (…) [1]

RUINAS DE CARTAGO LA CIUDAD DE ANIBAL. LO QUE HOY ES TUNEZ


EXTENSIÓN DEL DOMINIO DE SOLANIA, DESDE LOS MONTES ATLAS POR EL OESTE HASTA EL RIO NIGER POR EL SUR






CARACTERISTICAS DEL PUEBLO DONDE SE DESENVOLVIÓ SOLANIA

(…) Cuatro Kobdas de edad madura y Marván acompañaron a Solania y sus nueve compañeras hacia aquel bello y agreste país, donde una tribu formada de esclavos libertados le había preparado el nido y formado ambiente para los hombres de vestido azul. Luchas sangrientas entre tribus y Caudillos que pugnaban por tomar las mejores posiciones, habían permitido que algunos refugiados originarios de países lejanos, tomasen ascendiente entre las masas deprimidas y sacrificadas siempre. Estas masas de esclavos, de siervos, de víctimas de la prepotencia y despotismo de unos pocos, se habían cansado un día y ¡ay cuando las masas se hartan de dolor y de miseria! Los Caudillos habían sido estrangulados y arrojados desde lo alto de los peñascos a las olas bravías del mar; el desorden había hecho presa luego en aquellas masas hambrientas de pan como de dicha y amor. Entre los extranjeros refugiados allí había dos hombres ancianos ya que vivían apartados de los demás en cuanto a sus luchas y turbulencias, y sólo se interesaban por curar a los enfermos y proteger a los niños que quedaban sin amparo en la vida. Vivían de sus siembras, de la pesca y de la caza de animales salvajes con cuyas pieles se vestían. Habían sido tomados cautivos por uno de los Caudillos muerto en las últimas revueltas, y permanecían allí por amor a un centenar de seres débiles, pequeños y doloridos cuyas vidas sostenían ellos con su trabajo personal. Eran dos Kobdas del lejano Santuario del Mar Eritreo del Norte que salieron en misión de peregrinos hacía años y que no habían podido regresar a su lejano país entre las nieves eternas. La vejez les había sorprendido en el destierro y siguiendo su lema de extraer del fondo de todas las cosas lo mejor que hay en ellas, hicieron ofrendas de sus vidas al Eterno Amor, y las consagraron al bien en pequeña escala hacia los pocos seres que entre aquella agreste comarca, quisieron escucharles. Esperaban que algún día ese Amor Eterno que ellos trataban de hacer sentir de los seres ignorantes y atrasados que les rodeaban, haría brillar para ellos la luz y la dicha y no esperaban en vano. Que el Amor nunca hace aguardar largo tiempo al que le busca y le llama. El Santuario de Neghadá fue quien tuvo primero la noticia de los hermanos que gemían en cautividad y se dispusieron a sentar sobre bases sólidas los trabajos que habían de hacer para libertarlos. Y fueron obreros de la piedra a unir sus fuerzas y su ingenio al esfuerzo de aquella tribu de esclavos libertados para construir el pequeño Refugio Kobda, especie de gran cabaña de roca viva al estilo de las que hasta entonces usaban los Hijos de Numú para sus correrías redentoras. Para las mujeres Kobdas habían ya construido una casa de piedra a la entrada de un bosquecillo de picares cuyos flexibles abanicos gemían tristemente cuando cruzaban entre ellos los vientos del mar. La casa-caverna que habitarían los Kobdas, se hallaba a poca distancia, al pie mismo de la meseta en que habitaban sus hermanas. Sombreaban las acacias gigantescas propias de aquellos parajes el senderillo tortuoso abierto en la piedra, por donde subían los Kobdas a recoger las ropas y alimentos que sus hermanas disponían diariamente para ellos. Tal era el escenario y tal la vida en que Solania y Marván habían de desenvolver las vigorosas actividades de sus almas, unidas desde largos siglos por una de esas alianzas redentoras que sabe tejer el Amor cuando es llegada la hora en la eternidad de Dios.[2]

CARACTERÍSTICAS GEOGRÁFICAS Y CLIMÁTICAS

Escenario soberbio, grandioso, casi infinito en las manifestaciones de belleza, de exhuberancia, de majestad agreste y salvaje. Todo era allí inmenso, gigantesco. Las montañas coronadas de encinas y de pinares, de acacias y de terebintos; los mares bravíos cuya azul inmensidad comenzaba al pie de aquellas montañas y se perdía a lo lejos en el horizonte con el cual se confundía en una bruma cenicienta; los animales de la selva, inmensos también como para hacer cuadro armónico con montañas, árboles y mares, doblaban casi en tamaño a los de otras regiones conocidas. (…)[3]

EXTENSIÓN DE LA CIVILIZACIÓN DE SOLANIA.
En una época muy remota hace de esto ocho mil trescientos años, existió en el peñón de Corta-Agua, que así se llamaba la que más tarde fue Cartago, un Templo dé Sabiduría dirigido por una admirable mujer cuyo nombre era Solania. En veinti¬cinco años que allí vivió, extendió una elevada civilización que llegó hasta los montes Atlas por el Oeste, y hasta el río Niger por el Sur. [4]

NOTAS:
[1].J.R.L.Álvarez. Sisedon de Trohade.Orígenes de la Civilización Adámica. Tomo III. Cap. La Amada Invisible
[2].J.R.L.Álvarez.Sisedon de Trohade .Orígenes de la Civilización Adámica. Tomo III. Cap. La Amada Invisible
[3]. J.R.L.Álvarez.Sisedon de Trohade .Orígenes de la Civilización Adámica. Tomo III. Cap. La Amada Invisible
[4].J.R.L.Álvarez. Hilarion de Monte Nebo.Arpas Eternas. Tomo II. Cap En el Valle de las Piramides

CONFIRMACIÓN DE QUE AFRICA DEL NORTE FUE UN LUGAR FÉRTIL


Dado que consideraba a los bereberes como posibles reliquias de los atlantes norteafricanos, Borchard intentó buscar en los nombres de las tribus bereberes de la actualidad los de los diez hijos de Poseidón; es decir, los clanes de la Atlántida. Encontró dos extraordinarias coincidencias: que una de las tribus se llamaba Uneur, lo que coincidía perfectamente con Euneor, mencionado por Platón como el primer habitante de la Atlántida, y que las tribus bereberes de Chott el Ha-maina de Túnez, tenían el nombre de Attala (hijos de la fuente).
Los arqueólogos franceses Butavand y Jolleaud han suscrito esta teoría, pero también sitúan una gran parte del imperio atlántico como una tierra sumergida frente a la costa de Túnez, en el golfo de Cabes. Fran-gois Roux comparte la creencia de que en tiempos prehistóricos África del Norte era una península fértil:
“...La verdadera Atlántida, atravesada por muchos ríos y densamente poblada por hombres y animales...”.[1]

Un caso interesante es la extraña cultura Yoruba o Ife, que existió en Nigeria alrededor del 1600 a.C. El explorador Leo Frobenius, después de realizar un serio estudio de esta extraña cultura africana y al haber encontrado en ella lo que le parecieron similitudes indudables con el relato de Platón, declaró:
Creo, por lo tanto, haber hallado nuevamente la Atlántida, centro de... una civilización situada más allá de las Columnas de Hércules y de la que Solón nos dijo... que estaba cubierta de frondosa vegetación, en la que plantas frutales proporcionaban alimentos, bebida y medicinas, que fue el lugar en que crecieron el árbol de la fruta de rápida descomposición (el plátano) y algunas especies muy agradables (como la pimienta), donde había elefantes, se producía cobre y donde los habitantes usaban ropas de color azul oscuro...[2]
CLIMA DEL SAHARA. CONFIRMACIÓN POR J.J BENITEZ

El Sahara se convirtió así en algo que cuesta trabajo imaginar: un auténtico paraíso, ratificado por los satélites artificiales rusos y norteamericanos. La nave Columbia, por ejemplo, proporcionó imágenes rotundas: centenares de wadis o cauces secos de ríos que hace diez mil años cruzaron el Sahara en todas las direcciones. También las fotografías infrarrojas y las imágenes captadas con radar demuestran que, bajo las ardientes arenas, existió en la antigüedad toda una red de lagos conectados; algunos de hasta siete mil kilómetros cuadrados.
Durante las expediciones al Tassili N'Ajjer pudimos contemplar uno de los últimos vestigios de esta asombrosa vegetación sahariana: los cipreses de Tamrit. Los heroicos restos de lo que, sin duda, fue uno de los bosques más impenetrables del planeta. Gigantescos ejemplares de hasta seis metros de circunferencia, hoy agonizantes, pero todavía altivos, recordando el antiguo esplendor de la región. Lhote, en sus incursiones hasta el Ténere, una de las zonas más ardientes del Sahara, llegó a descubrir notables acumulaciones de huesos y espinas de pescado -«que podrían llenar varios carros»- y que constituyeron parte importante de la dieta de los antiguos pobladores.

FOTO APOYADO EN UN CIPRES


¿Y qué decir de los enormes morteros de piedra, de una sola pieza, descubiertos en el Sahara? Prueba evidente de que el cereal cubría grandes extensiones. El mismísimo Heródoto, historiador y geógrafo griego, escribía en el siglo V antes de Cristo, refiriéndose al Sahara: «Esta comarca y el resto de Libia, en dirección a poniente, están más pobladas de fieras y más cubiertas de bosques que la de los nórnadas.»
En un wadi de quince kilómetros, en un laberinto de rocas y peñascos, nos aguardaban miles de grabados. Grabados antiquísimos, datados en diez mil y doce mil años; quizá más. Grabados en todos los tamaños. Algunos minuciosa y bellamente pulidos en su interior. Grabados que demostraban que el horno sahariano fue un jardín, poblado por toda suerte de animales salvajes: la gran fauna subtropical. Algo incomprensible en nuestros días. Veamas los ejemplos más espectaculares:
Jirafas: Contamos hasta ocho especies diferentes. Jirafas trabajadas con detalle. Un animal cuya dieta básica la integran hojas y espinas de acacia. Un animal que precisa varias decenas de kilos de forraje al día. Obviamente no podría haber sobrevivido de no haber contado con una flora variada y abundante. ¿Una flora abundante en pleno desierto líbico?


















Elefantes Otra especie que nos transportó al paraíso sahariano...

Encontramos grabados de todos los tamaños. En el Djerat, Henri Lhote describió un ejemplar de 4,70 metros de longitud; un tamaño relativamente habitual entre los machos de treinta y cuarenta años. Y observamos un «detalle» que pone de manifiesto la capacidad de observación de los habitantes del jardín y su gran preocupación por la «fidelidad»: los elefantes aparecen con la cola doblada en ángulo recto, una actitud adoptada por las hembras antes del apareamiento. Ejemplares espectaculares que, sin embargo, no impresionaban a los cazadores del Neolítico. En las pinturas y grabados se los ve rodeándolos y dándoles caza. Grandes paquidermos que consumen alrededor de cien litros de agua al día y que tampoco habrían sobrevivido de no haber existido ese exuberante paraíso





Rinocerontes Otra prueba de la realidad de aquel Sahara azul. Se trata de un animal muy exigente con el agua. Una especie grabada en las rocas del actual desierto sahariano y que recuerda la indudable realidad de pantanos y marismas en plena Edad de Piedra. Así lo víeron los hombres del Neolítico y así lo grabaron. Rinocerontes con cuernos de metro y medio de longitud y cabezas de ochenta centímetros.
Características propias del Ceratotherium simum, el temido rinoceronte blanco africano. Una vez más, la «fidelidad» era absoluta.

 


Cocodrilos Un Sahara verde y acuático, sí, tan difícil de imaginar, en el que los saurios se multiplicaban a millares. El gran cocodrilo de los Mathendous así lo confirma. El ejemplar -un adulto de 2,5 metros, seguido por una cría- fue grabado en la piedra hace miles de años; probablemente, más de doce mil. La oscuridad de la pátina no ofrece dudas. La «fidelidad», una vez más, es contundente.



Hipopótamos: Y siguiendo hacia el Messak, en el suroeste de Libia, otra sorpresa: ¿hipopótamos en el desierto?
 Así lo comprobamos y fotografiamos (wadi Imrawen). En mi opinión, la pista más notable de cuanto afirmo. El hipopótamo, como es sabido, no puede vivir sin el agua. Es su medio natural. Pues bien, los especialistas en grabados y pinturas han localizado en el Sahara un centenar de representaciones de este coloso. Todas ellas en Djerat, los Tassilis y Messak. Es decir, en el gran horno sahariano.




Para comprender la presencia de este animal en aquel jardín tendríamos que remontarnos entre ocho y diez mil años. La figura del Hippopotamus amphibius -el «caballo de río»-, con sus cuatro metros de longitud y hasta cuatro toneladas de peso, es clara y determinante: el Sahara, en efecto, no siempre ha presentado el mismo rostro...
 Felinos y antílopes Y en los hermosos Akakus, decenas de felinos de todo tipo: leones, leopardos, panteras... Felinos al ataque y en reposo. Felinos atacados por los hombres de la Edad de Piedra (decenas de arqueros) y felinos en manada.



Y en las mismas rocas, avestruces esbeltos, perros al servicio del hombre y decenas de antílopes. Algunos casi extinguidos, como el órice, la gacela de Waller y el búbala. Y más allá -a cientos -, muflones de cuernos anillados y largas crines en cuello y pecho, hoy desterrados a las solitarias cumbres y mesetas de los tassilis. Muflones perseguidos por perros y cazadores (una práctica habitual entre los tuaregs hasta principios del siglo XX). Muflones pintados y esculpidos hace nueve o diez mil años, también junto a los «cabezas redondas». Todos ellos como vivo exponente de una fauna que precisaba -inexorablemente- del agua.





 Finalmente, miles de vacas. Otro animal que nos conduce, indefectiblemente, a la abundancia de pastos, a un clima benigno y a la presencia de ríos y lagos.




Animales desaparecidos Pero no todos son animales conocidos. El hombre del Neolítico, sin querer, nos ha proporcionado con sus grabados y pinturas la prueba de la existencia de ejemplares hoy desaparecidos. Éste es el caso del uro y del búfalo antiguo.
Imagen del Uro desaparecido.




ORIGEN DEL NOMBRE TUAREGH

"— ¿Por qué vuestra raza se llama Tuareghs? —preguntó Jhasua.
—Porque en una edad lejana, bajó del peñón sagrado un hombre vestido de azul, cuyo nombre era Tuaregh y dijo: "Venid a ver lo que he encontrado en la excavación hecha en esta ladera del peñasco; apareció en una oquedad de la roca una caja de mármol, y dentro, la momia de una mujer vestida de azul. Tiene en las manos rollos de papiro en tubos de cobre: era la Ley y los cantos al sol.
"Estábamos ante el cadáver momificado de la Hija del Sol. Ella quiso ser encontrada por Tuaregh, el hombre más justo y noble de la tribu, y todos lo proclamaron rey. Por eso nos llamamos Tuareghs."[1]  


NOTAS:
[1]. J.R.L.Alvarez. Hilarion de Monte Nebo. Arpas Eternas. Tomo II. Cap En el Valle de las Piramides.

CONFIRMACIÓN DE QUE LOS TUAREGS PROVIENEN DE LOS GARAMANTES:

EL REINO DE LOS GARAMANTES.  http://veritas-boss.blogspot.com.ar/

"El reino de los garamantes era, según Heródoto, “un reino más grande que Europa” 
Heinrich Barth descubrió ya unas curiosas tumbas gigantescas de piedra, que había encontrado en medio del desierto
Los investigadores franceses Henri Lhote y M.Dalloni descubrieron columnas, pirámides y grabados rupestres situados en los más diversos lugares del norte de Africa. Los alemanes Leo Frobenius, Hugo Obermaier y Hansjoachim von der Esch, examinaron en los macizos de Hoggar y Tibesti gran número de representaciones humanas y zoomórficas, de un realismo francamente impresionante. Finalmente, el egipcio Hassanein Bey y el húngaro L.E.Almasy reunieron una tal cantidad de testimonios de la cultura de los primitivos habitantes del Sahara, que algunos sabios, llevados por el entusiasmo, llegaron a situar en el norte de Africa la cuna de la humanidad. El incansable Henri Lhote, mejor conocido por su investigación de los pictogramas de Tasili, logró hallar representaciones de las cuadrigas de guerras de los garamantes en el macizo de Hoggar, casi mil quinientos kilómetros de distancia de Fazania. En el verano del 2000, un grupo arqueológico interdisciplinario de las universidades británicas de Reading, Newcastle y Leiscester confirmó la existencia de un canal de irrigación de más de tres mil millas de extensión conectado a depósitos subterráneos de agua. Con esto se confirmó el hecho de que los garamanteshabían controlado un imperio de más de setenta mil millas cuadradas con tres ciudades principales (las actuales Germa, Zinchechra y Saniat Gebril) y media docena de asentamientos menores.
David Mattingly, director de la expedición: “Nuestra investigación ha sacado a la luz que, gracias al ingenio humano y contra todas las posibilidades, los habitantes del desierto más grande del mundo pudieron crear una civilización próspera y exitosa en uno de los parajes más áridos y calientes del mundo. Los romanos consideraban a los garamantes como meros salvajes, pero la nueva evidencia arqueológica ha puesto al relieve que eran granjeros ingeniosos, ingenieros diestros y comerciantes emprendedores que llegaron a producir una civilización digna de tomar en cuenta”.
L. Taylor Hansen incluyó un relato meramente anecdótico que enlazaba las tribus tuareg del Sahara con una tradición secreta que se remontaba muy posiblemente al reino perdido de los garamantes.

(…)Hansen detalla la existencia de una tribu de “mujeres guerreras” que supuestamente existiría aún en el Sahara y que lucen con orgullo las dagas de brazo y espadines que se utilizaron en la antigüedad, así como escudos y un arma parecido a un tridente que representa “los tres picos del Hoggar”, Bajo las tierras de esta tribu existirían galerías subterráneas repletas de petroglifos parecidos a los de Tassili, representando uros y otros animales prehistóricos. El extraño interlocutor de Hansen le informó que los tuareg creían que su pueblo había venido del mar, y que el nombre que se daban a sí mismos significaba “pueblo del mar”. Por dudoso que pueda resultarnos el concepto de las amazonas africanas, tenemos el testimonio de otro gran aventurero: el conde Byron de Prorok, un Indiana Jones de carne y hueso,  cuyas exploraciones en tres continentes les concedieron fama mundial hace cierto tiempo. Prorok pudo convivir con los tuareg por algún tiempo durante su expedición al macizo de Hoggar, y sus indagaciones revelaron que el verdadero poder lo ostentan las mujeres de esta misteriosa tribu, a pesar de no tratarse de un matriarcado. Su reina elige al rey, denominado amenokhal akhamouk, con el que compartirá el mando. De Prorok también fue entre los primeros en escribir sobre los hartani, la casta de esclavos al servicio de los tuareg.

LA OBRA ORIGENES DE LA CIVILIZACION ADAMICA  TAMBIÉN DECLARA QUE LA RAZA TUAREGH POSEE UN REY QUE LLAMAN  AMENOKAL.

“Empresa difícil —expresó Buyaben—. Nuestro Amenokal (Rey sobre muchos príncipes con estados propios)(…)”
"La muerte de nuestro Amenokal, trajo tan grandes perturbaciones en nuestra raza Tuareghs, que aún no entramos por completo a la calma.” [1] 

NOTAS:
[1]. J.R.L.Alvarez. Hilarión de Monte Nebo. Arpas Eternas. Tomo II. Cap. En el Valle de las Pirámides